El enriquecimiento de los alimentos es una de las formas más eficaces de combatir las carencias de micronutrientes a gran escala. Pero establecer normas de enriquecimiento es solo el principio.
Para que los alimentos enriquecidos aporten los beneficios nutricionales previstos, los fabricantes necesitan sistemas que verifiquen de forma constante lo que ocurre a lo largo de todo el proceso de producción, desde la calidad de la premezcla que reciben hasta los niveles de nutrientes en los productos finales. Las autoridades reguladoras, por su parte, necesitan información fiable para evaluar el cumplimiento de la normativa y garantizar una supervisión eficaz.
Unos estudios de caso recientes de la coalición «Millers for Nutrition», elaborados por Endeva, muestran cómo los productores de alimentos de África y Asia están reforzando estos sistemas en la práctica. En conjunto, ponen de relieve una conclusión común: una fortificación alimentaria a gran escala (LSFF) eficaz no solo depende de las normas, sino también de la capacidad de medir, verificar y mejorar continuamente el rendimiento.
Cómo medir la uniformidad a gran escala
Para los grandes productores de alimentos que operan en varias instalaciones, mantener un enriquecimiento constante puede suponer un reto importante. Las diferencias en las materias primas, los equipos, los procesos y el personal pueden afectar a los niveles de micronutrientes.

Flour Mills of Nigeria Plc (FMN) ha abordado este reto mediante un sistema centralizado de garantía y control de calidad que abarca toda su red de molinos. Este enfoque combina una gestión centralizada de las premezclas, procedimientos estandarizados, personal cualificado, análisis de laboratorio y verificación independiente.
Dentro de este sistema, el laboratorio de FMN utiliza el sistema iCheck de BioAnalyt para validar los niveles de hierro y vitamina A en los productos de harina terminados. La empresa también envía muestras para su análisis externo, lo que crea múltiples niveles de verificación. Esta combinación de supervisión centralizada, análisis rutinarios y capacidad técnica ha ayudado a FMN a mantener una fortificación uniforme en sus distintas plantas de producción.
El ejemplo muestra que garantizar la calidad a gran escala requiere algo más que una sola prueba o inspección. Se necesitan sistemas fiables que permitan a los fabricantes detectar desviaciones, reaccionar ante ellas y mantener la consistencia a lo largo del tiempo.
De un requisito normativo a una ventaja en materia de calidad
Para West African Soy Industries Limited (WASIL), en Nigeria, el enriquecimiento ha pasado de ser una obligación reglamentaria a convertirse en un componente estratégico de la calidad del producto.

La vitamina A es sensible al calor, la oxidación y la luz, lo que plantea retos técnicos a los productores de aceites comestibles. WASIL ha respondido con un enfoque integral que incluye el enriquecimiento tras la desodorización, el control de la oxidación, la gestión de la calidad de las premezclas, el uso de dosificación automatizada y la realización de estudios de estabilidad a lo largo de toda la vida útil del producto.
Las pruebas internas son otra parte importante de este sistema. El caso práctico destaca el uso de las tecnologías de análisis de BioAnalyt, como iCheck e iCheck Chroma, para reforzar el control de calidad y generar confianza en los resultados analíticos. Junto con la verificación independiente, estas herramientas ayudan a la empresa a supervisar el rendimiento y a reforzar su enfoque más amplio de gestión de la calidad.
La experiencia de WASIL ilustra una idea más amplia: cuando las empresas pueden medir la calidad de forma fiable, el cumplimiento normativo deja de ser solo un requisito legal. Puede convertirse en parte de la disciplina operativa, la reputación y la ventaja competitiva de una empresa.
Generar confianza a través de un entendimiento común
El aseguramiento de la calidad también depende de la colaboración entre la industria y el gobierno.
En Tanzania, Wilmar acogió a unos 20 inspectores de enriquecimiento de alimentos recién contratados por la Oficina de Normalización de Tanzania para una visita de formación práctica. A los inspectores se les explicó todo el proceso de enriquecimiento, incluyendo la manipulación de las premezclas, la dosificación, el control de calidad y los puntos en los que pueden surgir problemas.

La visita terminó en el laboratorio de control de calidad de Wilmar, donde los inspectores pudieron ver cómo se analizaban las muestras con el sistema iCheck Chroma, cómo se documentaban los resultados y cómo esos análisis servían para mejorar continuamente.
Este tipo de participación práctica ayuda a salvar la brecha entre los requisitos normativos y la producción real. Ofrece a los inspectores una visión más clara de la fortificación industrial, al tiempo que ayuda a los fabricantes a establecer relaciones más sólidas con las autoridades reguladoras.
De las normas a la prueba
En todos estos ejemplos, el mensaje está claro: para que los sistemas de fortificación sean sólidos, no basta con las normas. Se necesita personal cualificado, procesos sólidos, pruebas fiables y colaboración a lo largo de toda la cadena de valor.
Ya sea para apoyar el control de calidad en varias plantas de producción, ayudar a los fabricantes a supervisar la calidad nutricional internamente o ofrecer a las autoridades reguladoras información sobre cómo se gestiona el enriquecimiento en la práctica, las herramientas analíticas accesibles desempeñan un papel importante a la hora de hacer que el enriquecimiento sea cuantificable.
Tanto para los productores de alimentos como para las autoridades reguladoras, la capacidad de generar información oportuna y fiable es esencial para que los compromisos de enriquecimiento se traduzcan en resultados nutricionales consistentes.
Fuente:
https://www.technoserve.org/resources/case-studies-building-markets-for-better-nutrition/






































































